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El estrés en las vacas lecheras es complejo
Publicado originalmente por Feedstuffs el 21 de junio de 2022.
Cuando los productores lecheros planifican sus días, deberían apoyarse en esta frase de David Allen: “Usted puede hacer cualquier cosa, pero no todo.”
Intentar ser un superhéroe puede ser agotador. Cuando las personas buscan superarse constantemente y “hacerlo todo”, el estrés se va acumulando sin que den cuenta, hasta que finalmente impacta su salud física y mental. El estrés debilita el sistema inmunológico, aumenta el riesgo de problemas cardíacos, altera los sistemas reproductivo y digestivo, acelera el envejecimiento y mucho más. Con las vacas ocurre algo muy similar.
“El estrés es complejo. En la industria lechera hemos identificado muchos factores de estrés, pero a menudo solo nos enfocamos en unos pocos y, además, solemos manejarlos por separado”, explicó Chris Gwyn, gerente de desarrollo de negocios para rumiantes de Jefo en Norteamérica. “En la práctica, los factores de estrés interactúan entre sí y, como sabe, pueden acumularse y potenciarse, afectando negativamente la salud, la producción, la reproducción y la longevidad de las vacas – y, en consecuencia, su rentabilidad. A esto lo llamamos el efecto Jenga.”
Él explicó: “Los factores de estrés son como los bloques de madera de ese juego de mesa. Cuando usted acumula un factor de estrés sobre otro y no cuenta con soluciones para enfrentarlos, el riego de pérdidas se multiplica. Específicamente, esas pérdidas se reflejan en bajo rendimiento reproductivo, disfunción inmunológica, mayores tasas de descarte y mortalidad, así como en la menor producción de leche y de sus componentes.”
Jefo Nutrition está generando mayor consciencia sobre los distintos factores de estrés y las soluciones disponibles para ayudarle a mantener a sus vacas cómodas, saludables y productivas.
Según Gwyn, más de 30 factores de estrés pueden afectar la salud y la producción de las vacas lechera. Jefo Nutrition los ha agrupado en cinco grandes áreas de preocupación y ha definido las claves para reducir su posible impacto:
1) Clima
A medida que aumentan las temperaturas en verano, se habla mucho del estrés por calor. Una vaca lechera entra en estrés cuando la carga de calor que recibe supera su capacidad para disiparlo. Como respuesta, suela adaptar su metabolismo para reducirla generación interna de calor. “Para ayudar a combatir el estrés por calor, recomendamos un enfoque integral en toda la explotación, que incluya manejo, alimentación y estrategias de nutrición de precisión”, señaló Gwyn. “El objetivo es mantener una buena salud, consumo de alimento y niveles de producción, incluso cuando el índice de temperatura y humedad (ITH) alcanza 68 o más.”
Los productores suelen apoyarse en estrategias para mitigar el calor, como el uso de ventiladores, aspersores y sombras. Sin embargo, también es fundamental garantizar un mayor acceso a agua limpia y prevenir la sobrepoblación en corrales. “Además, se recomienda suministrar el alimento durante las horas más frescas del día, aumentar la densidad nutricional del alimento, ofrecer forrajes de alta calidad e incrementar la frecuencia de alimentación para evitar el calentamiento de la ración. El tercer pilar de este enfoque integral es la nutrición de precisión. Las investigaciones demuestran que una fórmula de vitaminas del complejo B rumino-protegidas puede ayudar a las vacas a enfrentar el estrés por calor. En términos simples, el suministro de vitaminas B protegidas mejora la capacidad del animal para producir energía y proteína de manera más eficiente”, explicó Gwyn.
Los estudios incluso indican que puede ser beneficioso aumentar la dosis de vitaminas B protegidas (colina, riboflavina y ácido fólico) durante periodos de altas temperaturas. En un rebaño comercial de 1,200 vacas en Querétaro, México, los investigadores evaluaron el efecto de suministrar una dosis más alta (100 g vs. 50 g) de la fórmula de vitaminas B sobre la salud, la producción de leche y la reproducción. El productor ya utilizaba la fórmula con buenos resultados, pero quería determinar si una mayor inclusión beneficiaría a sus vacas en transición durante el período de calor. Los resultados mostraron que la dosis más alta redujo la metritis en 33,1% y los casos de retención de placenta en 41%. Además, se observó un incremento del 34,7% en la tasa de concepción al primer servicio, un aumento del 22,4% en el porcentaje de vacas gestantes después de dos servicios, y la producción de leche se incrementó en 0.907 kg a los 10 días en leche (DEL) y en 1,68 kg a los 30 DEL.
En otro estudio sobre estrés por calor, los investigadores evaluaron el efecto de la suplementación con vitaminas del complejo B rumino-protegidas y colina sobre la cetosis subclínica, midiendo los niveles sanguíneos de beta-hidroxibutirato (BHB). Los datos se recompilaron de 701 vacas en 20 explotaciones de México. En primer lugar, para establecer la prevalencia de este transtorno metabólico, los resultados mostraron un aumento del 50% en los casos de cetosis subclínica durante la temporada de calor (vacas que parieron entre el 1 de abril y el 30 de marzo). Posteriormente, al evaluar la cetosis subclínica durante la temporada de calor, se determinó que cuando las vacas en transición recibieron la fórmula de vitaminas del complejo B rumino-protegidas y colina, la tasa de prevalencia se redujo en 55,3%.
El estrés también puede presentarse durante el invierno, agregó Gwyn. Las vacas buscan mantener una temperatura corporal interna constante de aproximadamente 38,3 oC. Cuando su temperatura desciende demasiado, deben gastar energía adicional para mantenerse calientes. Para conservar su productividad, los animales necesitan protección frente al frío extremo y al exceso de nieve, lluvia y humedad. Otras estrategias para reducir los factores de estrés relacionados con el clima incluyen mantener una buena calidad del aire durante todo el año y contar con una iluminación adecuada, ya que la falta de luz puede ralentizar el metabolismo y disminuir la producción.
2) Prácticas habituales de manejo
¿Pueden las rutinas de manejo causar estrés sin que usted lo note? Las prácticas habituales pueden parecer de bajo estrés, pero cuando se superponen pueden generar problemas. Una breve lista de posibles factores de estrés relacionados con el manejo incluye la densidad animal, los cambios de grupo, los grupos con paridad distintas, el espacio en el comedero, las interacciones entre humanos y animales, problemas en las instalaciones, el estado de salud del rebaño y el estrés social. En un reciente episodio del podcast RumiNation: Impacts of Stressors on Physiology and Health of Dairy Cows (Impacto de los factores de estrés en la fisiología y la salud de las vacas lecheras) – Temporada 3, Episodio 4 – el Dr. Trevor DeVries, profesor de la Universidad de Guelph, explicó cómo el estrés social puede tener un impacto negativo y cómo puede originarse en diversos factores.
“Las vacas son animales sociales y les gusta vivir en grupo”, explicó el Dr. DeVries, “pero hay aspectos del entorno social que pueden tener un efecto negativo en las vacas y realmente generarles estrés. Por ejemplo, el hacinamiento en el comedero o en el área de espera de la sala de ordeño”.
El Dr. DeVries también mencionó la composición por paridad de los grupos y cómo mezclar animales más jóvenes con animales mayores puede causar estrés, especialmente en las vacas más jóvenes.
Cuando se trata de reducir el estrés relacionado con el manejo, prestar atención al confort de las vacas es fundamental. “El viejo dicho es: una vaca cómoda es una vaca rentable”, señaló Gwyn. “Si bien muchos factores pueden afectar el confort de las vacas, recomendamos un espacio adecuado en el comedero y en las áreas de descanso, protección contra las condiciones climáticas adversas, acceso a alimento y agua de alta calidad, y capacitación del personal en interacciones adecuadas con los animales. Las interacciones entre el personal y los animales deben ser positivas, tranquilas y silenciosas. Una vaca temerosa es una vaca estresada y menos productiva”.
El Dr. DeVries señaló que los factores de estrés agudos, como un manejo inadecuado, pueden tener un impacto directo en la fisiología de la vaca y en su productividad. “Un ejemplo claro de ello es el mal manejo de las vacas en la sala de ordeño”, explicó el Dr. DeVries. “Un estrés de este tipo puede provocar un aumento de cortisol en las vacas, lo que puede bloquear o reducir la liberación de oxitocina y, en consecuencia, limitar la bajada de la leche”.
3) Etapa de producción
El parto puede ser uno de los momentos más estresantes y metabólicamente desafiantes para una vaca; sin embargo, existen otros períodos clave de la producción en los que también puede presentarse un estrés fisiológico significativo, incluidos la transición al período seco, los período de pre y posparto, el inicio de la lactancia hasta el pico de producción de leche y la etapa de reproducción.
En otro episodio reciente del podcast RumiNation: Impacts of Stress and Strain on Reproductive Health (Impacto del estrés y la presión en la salud reproductiva) – Temporada 3, Episodio 6 – el Dr. Matt Lucy, profesor de la Universidad de Missouri, explicó que el estrés es un factor determinante para lograr la gestación de las vacas.
“Tradicionalmente, siempre pensábamos en los efectos del estrés sobre la función ovárica, es decir, si la vaca había iniciado su ciclo y entrado en celo. Pero más recientemente, estamos tratando de comprender específicamente cómo el estrés afecta la función uterina y la preparación del útero para la gestación”, señaló.
Según el Dr. Lucy, es importante que los productores comprendan que la reproducción comienza en el corral de vacas secas. “Evite el desgaste prolongado de las vacas y bríndeles el cuidado adecuado en el corral de transición”.
El Dr. Lucy añadió que es importante conocer la diferencia entre estrés y tensión. “Las vacas están sometidas a estrés, pero lo que realmente importa es la tensión, es decir, cómo responde la vaca a ese estrés. Por ejemplo, en un rebaño tenemos muchas vacas que producen 45,4 kg de leche por día. El estrés es la producción. Sin embargo, la tensión es cómo ella responde a esa demanda. Queremos que nuestras vacas presenten la menor tensión posible”.
La genética permite al productor seleccionar vacas más resilientes. “Queremos vacas que puedan manejar estos factores de estrés”, afirmó el Dr. Lucy. “Una vez que tenemos el tipo adecuado de vacas, como productor usted debe gestionar la tensión restante. No se puede resolver todo con genética; es necesario ser un productor de alto nivel y manejar los desafíos restantes, como el golpe de calor, la nutrición, el espacio en el comedero, entre otros”.
4) Consumo de alimentos
Según el Dr. DeVries, las vacas pueden sufrir estrés nutricional. Este puede ser fisiológico, por ejemplo, la manera en que su organismo reacciona ante un cambio en el alimento o cómo el rumen se adapta a esa modificación. También puede ser perceptivo, cuando la vaca simplemente percibe el cambio en el alimento como algo diferente y puede dejar de comer. Esa reducción en el consumo tiene un efecto en cadena sobre el balance energético, la producción y la salud de la vaca. Este efecto acumulativo puede derivar en aún más problemas.
El Dr. Lucy señaló que no hay sustituto para un buen manejo y una nutrición adecuada, y recomienda la consistencia. “Las vacas quieren consistencia. En un mundo ideal, reciben la misma RTM a la misma hora, entregada por la misma persona y utilizando el mismo tractor”. Añadió que este tipo de equilibrio actúa como una armadura para las vacas y les ayuda a manejar la tensión provocada por múltiples factores de estrés.
5) Salud del rebaño
Ya sea que el problema sea cojera, cetosis o mastitis, vale la pena gestionarlo, prevenirlo y tratarlo, señaló la Dra. Meagan King, profesora de ciencia animal en la Universidad de Manitoba, durante un reciente episodio del podcast RumiNation: Precision Technology to Monitor and Predict Animal Health (Tecnología de precisión para monitorear y predecir la salud animal) – Temporada 3, Episodio 5 – “Desde la cetosis subclínica hasta la cojera moderada, definitivamente vale la pena hacer algo al respecto”.
Gran parte de la investigación de la Dra. King se ha centrado en el impacto de los factores de estrés sobre la producción, ya sea debido a la cojera, al hacinamiento o la entrega del alimento. Ella recomienda utilizar tecnologías de precisión, como la información sobre rumia o el monitoreo de la actividad, para evaluar el comportamiento, ayudar a identificar problemas de forma temprana y tomar mejores decisiones de manejo y nutrición para tratar la situación.
Si bien el estrés puede ser complejo, Gwyn señaló que la clave es identificar cuáles son los factores de estrés que tienen el mayor impacto en el productor, las vacas y el equipo de la explotación. Recordó a los productores que no deben angustiarse por aquello que no pueden controlar o cambiar, y que existen personas y recursos disponibles para brindar apoyo.
Conclusión
Las Soluciones Jefo están diseñadas para ayudar a los productores a enfrentar los factores de estrés cotidianos y mantener a las vacas sanas y produciendo a un alto nivel. Obtenga más información en JefoDairyStressors.com, un nuevo sitio web dedicado a investigaciones y recursos que ayudan a los productores a comprender y gestionar el estrés.