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Manejo de precisión del arranque para un rendimiento óptimo de los pollitos

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Publicado originalmente en Asian Agribiz y redactado por Derek Detzler, Especialista Eenior en Servicios Técnicos en Jefo Nutrition.

Desde la eclosión hasta la salida de la incubadora y a lo largo de las etapas de manipulación, espera, transporte y alojamiento en la granja, los pollitos anfrontan diversos desafíos durante sus primeras horas de vida. Desde el punto de vista del animal, estas condiciones comerciales normales, aunque muchas veces inevitables, pueden limitar la expresión del potencial genético concentrado en estas aves de apenas poco más de 40 g, debido al estrés al que son sometidas. Situaciones comunes, como temperaturas elevadas o un acceso tardío al alimento, pueden comprometer su desarrollo. Al mismo tiempo, a nivel fisiológico, los sistemas cardiovascular, digestivo, inmunitario, esquelético y pulmonar deben funcionar con alta eficiencia para sostener el crecimiento potencial esperado. Por lo tanto, la carga impuesta al organismo en esta etapa es considerable.

Temperatura

Los primeros días en el galpón representan una fase crítica que condiciona el crecimiento esperado y la conversión alimenticia de las aves. Un arranque bien gestionado es esencial para la supervivencia y el desarrollo temprano de los pollitos, que durante este periodo carecen de una regulación térmica eficiente y, por ellos, son especialmente sensibles a la temperatura ambiente. Un estudio de Yahav et al. (2001) demostró que el estrés por calor durante la primera semana puede alterar la función inmunitaria y reducir la ganancia de peso. Si existe consenso al aspecto ¿por qué no se realiza de manera más sistemática la medición de la temperatura cloacal a la llegada de los pollitos y nuevamente cuatro horas después de su alojamiento, con el fin de evaluar sus necesidades térmicas reales? Más allá de las primeras cuatro horas, estas mediciones deberían realizarse al menos una vez al día durante los primeros cuatro días. No se recomienda el uso de ajustes estándar durante el arranque, aunque esta sigue siendo una práctica frecuente. Adaptar las temperaturas de inicio de un lote es fundamental para lograr arranques por encima del promedio. Factores como la edad de los reproductores, la temperatura durante el transporte, el nivel de actividad de las aves, la humedad y otras condiciones ambientales deben considerarse para ajustar con precisión el confort térmico y minimizar el estrés.

Alimentación

Existe una ventada de oportunidad temprana que permite a la genética moderna expresar plenamente su potencial mediante una intervención nutricional desde las primeras horas y los primeros días posteriores a la eclosión (Ravidran, 2003). Este período corresponde a la transición entre la dependencia de las reservas internas del saco vitelino y el aporte de nutrientes externos, principalmente a través del alimento de arranque. Durante esa fase, el intestino, aún inmaduro, debe adaptarse rápidamente a la digestión y utilización de nutrientes relativamente complejos para un animal recién nacido. Dado que el intestino es el principal órgano de absorción de nutrientes, el tracto gastrointestinal y los órganos digestivos experimentan un crecimiento particularmente acelerado durante la primera semana de vida.

La ingestión de nutrientes es indispensable para el desarrollo del intestino. Esta maduración no puede producirse únicamente a partir del saco vitelino residual ni solo con agua. Un acceso temprano al alimento y al agua – especialmente al alimento – permite un desarrollo intestinal más rápido que cuando el acceso a la alimentación se retrasa (Korver, 2016). Además, el saco vitelino residual contiene biomoléculas de alto valor funcional, en particular anticuerpos maternos, que resultan mucho más útiles para garantizar la inmunidad pasiva que como fuente de energía o de aminoácidos (Dibner, 1999). Ravindran y Abdollahi (2021) también señalaron que el uso de los lípidos del saco vitelino como fuente energética constituye un desperdicio, ya que estas reservas aportan nutrientes esenciales para el desarrollo temprano, como anticuerpos maternos, fosfolípidos, colina y triglicéridos necesarios para la formación de las membranas celulares. El desperdicio del saco vitelino puede minimizarse asegurando el acceso al alimento lo antes posible tras la eclosión. La ingestión temprana de alimento estimula un rápido desarrollo de la mucosa intestinal, caracterizado por aumento en la profundidad de las criptas, la altura de las vellosidades y la superficie de absorción, lo que contribuye a reducir la permeabilidad intestinal y a reforzar la barrera frente a agentes patógenos.

El consumo de alimento al inicio de la vida parece estar limitado por el tamaño del tracto gastrointestinal; por lo tanto, es fundamental reconocer la importancia del valor nutricional y la digestibilidad del primer alimento. Una granulometría inadecuada o una baja digestibilidad pueden frenar el desarrollo temprano del tracto digestivo. A más largo plazo, esto puede limitar la expresión del máximo potencial fenotípico de los pollos de engorde modernos con alto potencial de crecimiento (Ravindran, 2003).

Parte de la mortalidad y morbilidad observadas en los primeros días de vida, a menudo atribuidas a la deshidratación y a la falta de alimento, podría estar en realidad relacionada con la incapacidad de los pollitos para consumir alimento inmediatamente después de su alojamiento en el galpón (Xin y Lee, 1997). A partir de estudios en gallinas Leghorn, Xin y Lee (1997) concluyeron que la subalimentación desempeña un papel más importante que la deshidratación en la aparición de trastornos posteriores a la eclosión. Noy y Sklan (1999) también demostraron que el suministro de nutrientes en forma sólida, semisólida o líquida después de la eclosión aumentaba el peso corporal de pollitos y pavipollos, con efectos que se mantenían hasta el sacrificio. La ingestión de agua inmediatamente después de la eclosión también mejoraba el peso corporal, aunque sin una ventaja significativa más allá de los ocho días.

Nutrición

Los nutricionistas avícolas se esfuerzan por formular y suministrar alimentos que respondan con precisión a las necesidades nutricionales de los pollitos o pavipollos recién nacidos, utilizando materias primas disponibles localmente o de fácil acceso. Sin embargo, no todas estas materias primas presentan una alta digestibilidad, especialmente durante las primeras horas o los primeros días posteriores a la eclosión, cuando el sistema gastrointestinal aún es inmaduro y no puede utilizar eficientemente todos los nutrientes. Kim et al. (2021) informaron que hasta un 30% de los nutrientes aportados por el alimento no eran digeridos por las aves. Por lo tanto, la fracción no digestible del alimento merece atención especial durante estas primeras horas críticas, ya que puede afectar el desarrollo óptimo de la microbiota intestinal. Esta situación puede verse aún más acentuada en contextos donde el uso de antimicrobianos se ha reducido o eliminado.

Medidas prácticas para asegurar un desarrollo óptimo 

Reducir al máximo el tiempo hasta el primer consumo de alimento y proporcionar lo antes posible nutrientes específicos altamente digestibles ofrece muchas ventajas. Se han explorado diferentes enfoques, entre ellos la formulación de alimentos de preinicio específicos; sin embargo, las realidades comerciales, como la necesidad de entregas adicionales en la granja, a menudo limitan su implementación. También están surgiendo nuevos conceptos, como la alimentación en la incubadora o la eclosión en granja, pero siguen siendo inaccesibles para la mayoría de los productores.

Non obstante, la distribución de un alimento complementario al momento del alojamiento es recomendada por la mayoría de los profesionales de la salud y la nutrición animal. En la práctica, este alimento suele suministrarse en bandejas o colocarse estratégicamente sobre papel en el galpón. Los productores realizan grandes esfuerzos para garantizar que el alimento esté inmediatamente disponible para las aves desde su llegada. Sin embargo, es importante considerar estrategias alternativas que estimulen aún más la curiosidad de las aves y aceleren la ingestión de nutrientes altamente digestibles, al mismo tiempo que promuevan la actividad de la molleja. Ravindran (2021) recordó que la molleja es considerada el “metrónomo” de la motilidad digestiva normal. Más allá de su función en la molienda mecánica, una mayor actividad de la molleja favorece los reflujos gástricos y/o intestinales (Singh, 2014), mejorando así la mezcla del digesta con las enzimas y, en consecuencia, la digestión de los nutrientes. Por lo tanto, disponer de un producto altamente digestible capaz de estimular la actividad de la molleja constituye una pieza clave del rompecabezas, aunque solo representa una parte de la solución integral que debe implementarse.

Agua

El agua a menudo no recibe la atención que merece, aunque es esencial para la digestión, la termorregulación y el funcionamiento correcto del metabolismo. En ausencia de un acceso rápido y suficiente al agua, los pollitos pueden perder hasta un 10% de su peso corporal durante las primeras 24 horas. La calidad del agua debe controlarse periódicamente para garantizar su limpieza y la ausencia de agentes patógenos. Al momento del alojamiento, el sistema inmunitario de las aves aún no está completamente desarrollado; por lo tanto, cualquier alteración en la calidad del agua puede tener consecuencias especialmente perjudiciales en esta etapa. Asegurar la accesibilidad y disponibilidad de agua desde la llegada de las aves es indispensable.

Según May et al. (1997) la privación de agua durante las primeras 48 horas provoca una reducción significativa del crecimiento y un aumento de la mortalidad. La mayoría de los productores afirmará que sus aves beben en las primeras 48 horas… pero ¿pueden realmente demostrarlo? ¿Existen indicadores medibles? Los medidores de agua convencionales suelen ser poco fiables a esta edad debido a los volúmenes extremadamente bajos que se consumen. La evaluación de la flexibilidad y el contenido del buche durante los controles de llenado puede proporcionar una indicación valiosa sobre el consumo – o la ausencia – de agua.

Los principios generales del manejo del arranque no han cambiado realmente a lo largo de los años. Sin embargo, la mejora continua de la genética en las últimas décadas ha transformado profundamente los niveles de producción. Para aprovechar plenamente estos avances, el manejo del arranque constituye una etapa clave que debe seguir adaptándose. Los ajustes de un lote a otro deberían convertirse en una práctica habitual. El monitoreo de parámetros como el peso, el llenado del buche, el consumo de agua y la temperatura cloacal, junto con la implementación de programas adecuados de calidad de agua y el uso de aditivos específicos (como enzimas o ingredientes funcionales microencapsulados, en particular ácidos orgánicos y aceites esenciales) durante los primeros días, representan bases sólidas para iniciar una estrategia orientada a maximizar plenamente el potencial de las aves.

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